¡No Quiero Vivir En Bogotá!
“…puede
que volver no sea quizás la mejor decisión, o quizás si, ¿Quién lo garantiza?,
¿Quién lo predice?, ¿Quién lo respalda?, ¿Quién tiene la gallardía de decir sí
o no?. Preguntas sin respuestas, dudas con objeciones, sufrimientos sin voces,
angustias sin explicaciones.”
Permítanme engañarlos porque posiblemente esperabas encontrar una crítica
sobre la capital colombiana, pero no, por el contrario, yo quiero es hablar de
mi experiencia como estudiante que vive fuera de la ciudad que la vio nacer, y
que ahora vive en Bogotá, ciudad que me ha acogido durante casi 4 años.
A mis tres años, cuando me preguntaban quién era yo, mis padres me
cuentan que yo siempre respondía: "yo soy Lucía Díaz Rhenals hija de Lucy,
Carlos y hermanita de Jesús y cata, ¿Los conoces?". Hoy cuando me toca
definirme a mí misma, es igual de difícil a como era en ese entonces:
pronunciar mi nombre correctamente o aprender a escribirlo sin salirme del
renglón.
Nací en Montería, Córdoba (Colombia) un 7 de junio. A mis 16 años decidí
irme a vivir a Bogotá a estudiar lo que me apasiona "comunicación social y
periodismo". Hoy en día tengo 20 años, y cada vez que me toca viajar de Montería
a Bogotá regresando a la ciudad que me acoge como estudiante, se ha convertido,
no en un viaje por necesidad, si no de placer. ¡Y sí queridos lectores! Esto quiere
decir que me he encariñado con la ciudad de los trancones.
Al principio me tomo mucho tiempo aceptar que me iba de la casa de mis
padres a vivir una experiencia llena de “todo
y de nada” en la capital. Para mí, vivir en Bogotá significa todo un acto
de valentía. Y más dolor sentía cuando se acaban las vacaciones y me tocaba retomar
mis estudios en la capital. Para mí la palabra volver siempre me causaba temor.
Hoy en día pienso que no hay sentimiento más lindo que volver y regresar a Bogotá.
Déjenme explicarles que volver es todo un placer y significa volver a nuevas
experiencias, volver a nuevas costumbres, a nuevos amores, a nuevas peleas, a nuevos
vicios, a nuevos zapatos, a nueva ropa, a nuevas fiestas, a nueva moda, a nuevos
lugares. Pero puede que volver no sea quizás la mejor decisión, o quizás si,
¿Quién lo garantiza?, ¿Quién lo predice?, ¿Quién lo respalda?, ¿Quién tiene la
gallardía de decir sí o no?. Preguntas sin respuestas, dudas con objeciones,
sufrimientos sin voces, angustias sin explicaciones.
Pero déjenme decirle algo queridos lectores, que migran a la ciudad bogotana y tienen miedo de ese nuevo mundo que se les viene, permítanme contarles
que el truco está en saber volver y en encontrar el placer del regreso y sobre
todo la fantasía de vivir nuevas experiencias.
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